Brillo sintáctico
Un glitch es un poema que nadie espera
instrucciones para que el mundo en el que vivimos no termine por arruinarte el corazón I: dorado
capturar la diagonal que dibuja el sol en la pared debajo de la ventana,
cuando uno de los postigos está abierto
porque anoche he fumado y la noche anterior también
entonces, uno de los postigos color café
forma un ángulo agudo, de unos cuarenta y cinco grados
y se dibuja un sol geométrico que por unas horas es nuestro
el sol está en nuestra casa, todos los días al menos un rato
el sol ha teñido la ropa, deberíamos quitarla apenas se seca
pero yo tengo que escribir esta novela y el sol
irse por las ramas lo más posible,
cuando le cuentas al hombre amado
que escribirás un libro de cuentos americanos,
describir los dientes de vampiro de emily
el sonido que hacen los camiones de helado,
deja que te salten las lágrimas: camión de helado
jamás hará justicia al traqueteo del ice-cream truck
suena como se mueve (eso también te salvará)
suena como es (eso también)
transmitir la dicha de saber amar una chispa,
darlo todo por una chispa, y que sepas
que cuando digo chispa digo spark
pero, sobre todo, digo sprinkle
que suena exactamente así
como una cosquilla en la nariz
y que al final lo que te quiero decir (this is just to say)
es que te enamores de la luz,
que si te enamoras de la luz
podrás doblarte tranquila como un avión de papel
que si te dedicas a perfeccionar obsesivamente esa diagonal
es decir, a insistir sin dudar sobre el error,
podrás hacerlo una y otra vez sin temer
que tus pliegues se venzan
sabrás que no importa cuánto se parezca
la experiencia propia a la de un troquel
no te desprenderás de vos misma
(busca siempre la diagonal del sol)
sabrás volver al centro
(chispa de oro)
dóblate tranquila, comecocos
vuélvete a extender, como un mantel
que al agitarse, viento de lino
jazmín del país
(lindo capullo de alhelí)
porque qué vino primero
la flor o el perfume
el perfume o la imagen
el poema o la vida
el papel, o el otro papel
la luz, decía
decía la luz
y no podrán confundirte
ni nada podrá romperte
de ninguna manera: pero podemos charlarlo bien
mientras los niños del futuro con espadas de madera
se bañen bajo el chorro de los hidrantes contra incendios
esa imagen es real, tan real como mis sueños
(americanos y los otros también)
que te tenga sin cuidado la realidad
y que te preocupe severamente al mismo tiempo
esa es condición de posibilidad de una vida
coherente consigo misma,
es decir, que tautológicamente se ajuste
a su definición primordial de ser vivida
esa es condición de posibilidad
para dejar que la poesía
demuestre ser la vida
dedícate a limar los bordes de esta gema puntiaguda
para evocar su perfecta redondez en potencia,
redondez que nunca llega, siempre estrella, algo chispa
porque más que limar estás corriendo alrededor de la sala,
un baile de sillas
apoyas una y otra vez tu mano de cuenco
sobre el ángulo recto
que dibuja esta mesa (esta mesa)
para que el bebé al empezar a caminar
no se golpee la cabeza,
ni pierda un ojo
no está mal evitar la ceguera
de una criatura que no existe
no creo que sea la mejor manera de utilizar el tiempo
pero no está mal mientras regreses a ver que el sol
ha dibujado un diamante sobre el suelo
y que entre la primera línea y esta última estrofa que comienza
son dos y quizás tres y quizás
no hayas visto los terremotos que no puedes evitar
ni las becas que no te ganas,
habrás ignorado en igual medida lo muy grande
y lo muy pequeño, lo muy terrible, lo más trivial
y mañana te contaré si esto tiene alguna clase de sentido
(deinde centum, dein mille altera)
Glitch es un gesto, un ejercicio de pensamiento, un accidente intencional, un error de sistema. Un territorio que se sostiene en su propia tensión desde 2020. No tiene frecuencia clara, ni estructura definida, ni tema delimitado. Parte de un síntoma que se volvió estilo: una devoción teórica y espiritual por lo que escapa a la definición y por la potencia política de esa fuga. Es y no es un capricho. Su naturaleza es rizomática, de mashup, de herramienta y de ornamento en simultáneo. Pero, como herramienta, su utilidad es elusiva; si la hubiera, podría encontrarse en el ojo del espectador.
Malén Denis es una artista y filósofa no académica radicada entre Barcelona y Nueva York. Nació en Argentina en 1989. Trabaja como directora creativa y estilista especializada en relato y hermenéutica aplicada. Publicó varios libros de poesía, reunidos en el volumen Isla de Metal (2023, Concreto Editorial), y la novela Litio (Concreto Editorial, Caballo de Troya–PRH, New Directions). Actualmente trabaja en su segunda novela, Estilo de vida.
Recientemente ha publicado su primer disco rosadorado verdeplateado, con producción de Juan Tobal.


Hermoso Glitch Maleni. Me llega justo en estos días que estoy rememorando en Spotify columnas viejas tuyas y de Noli en Segurola.
Un abrazo enorme desde Montevideo!
Bellísimo